Un niño, de 13 años, se encontraba dentro de una prisión en
una celda en lo profundo de una de las instalaciones de la Corporación de La
Mano, había sido traído aquí ya cerca de un mes después de terminar con el
tratamiento que le habían impuesto dolorosamente.
Sarec Zurcal, segundo hijo del dueño de una empresa que
había sido la líder en la venta de cosméticos y producción de detergentes;
nunca fue tratado como un niño normal sus padres no le prestaban atención y
solo se concentraban en su hijo primogénito.