domingo, 25 de noviembre de 2018

INT 3


LA FUNDACIÓN/RESTAURACIÓN DE TEIRA

Este nuevo mundo

¿A quién le pertenece?

Justo después de haber sufrido una derrota en la Tierra, los dioses que lograron escapar decidieron crear un nuevo mundo.

¿Qué los obligo a hacerlo?


Bueno, la idea nunca fue abandonar la Tierra, eso es seguro.

“La historia siempre ha sido cruel, ya sea por las personas que buscan la gloria, el poder o el placer quizá también los que buscan honor, justicia y gracia; la historia siempre estará manchada de sangre por esta clase de personas.

Innegable son los hechos que los preceden.

Pero ahora esa historia, la historia de la Tierra no tiene valor alguno en estos momentos.

A lo mejor, el ser humano se funde con todos sus deseos y logra crear un gran mal cuando los consigue. Y lo peor de todo es que, ya sea inconscientemente o conscientemente, no podrá evitarlo.

Algunas personas se volverán mártires mientras otros ejecutores.

Uno nunca lo sabe, no sabe su futuro.

¿Y sí lo sabría?

¿Haría algo para evitarlo?

Lo más seguro es que no.

La naturaleza humana es así, desde niños hasta ancianos; ya sea que su intención sea noble o egoísta, sean consientes o no. Ellos nunca cambiaran.

Así pensaban todos los seres que se encontraban vagando en el espacio.”

Eran cientos de dioses y semidioses los que huyeron después de esa terrible derrota. Miles de humanos estaban entre ellos, solo aquellos que les servían de corazón a los dioses.

Por años peregrinaron por todo el espacio hasta llegar a una nueva estrella.

La estrella estaba muerta, su vida estaba vacía y sin sentido alguno, las tinieblas cubrían su superficie y no se encontraba rastro de nada solo soledad y desolación.

Era como un oasis.

Cansados, los dioses y todos los que estaban con ellos decidieron dar vida al nuevo mundo.

Y como si los recibiera, la estrella decidió aceptarlos en su larga soledad.

Por unanimidad se decidió hacer a ésta estrella su nuevo hogar.

Para lograr su objetivo muchos se sacrificaron para darle tiempo a la estrella, para darle luz y calor, para cubrirlo de esperanza y vida. Dioses, semidioses y humanos se dieron a sí mismos para logar nueva vida.

Y el nuevo mundo recibió un nombre, un nuevo nombre ‘Teira’.

La sangre de muchos fue derramada para hacer a Teria un lugar habitable y seguro.

Algunos dioses antes de huir de la Tierra, se dispersaron sobre su firmamento y robaron toda clase de plantas y semillas, todo lo que vieron se lo llevaron consigo hacia la esperanza de encontrar un nuevo lugar donde habitar. Y ese momento por fin llegó, llego para crecer nuevamente.

Y hoy, a Teira le fue concedida la vida, resucitaron a una estrella que, hasta ahora, vagaba sin rumbo en el infinito espacio.

Los dioses que quedaron, se repartieron para sí la vasta tierra que habían restaurado, y con ellos repartieron las plantas y animales; pronto repoblarían el nuevo mundo, Teira sería más grande que su antiguo mundo, el triple de grande y rico.

Regido por los dioses, la humanidad prospero grandemente, a diferencia de cuando vivían en la Tierra, ahora no era necesaria la sangre para satisfacer a los dioses, ya a ninguno de ellos le satisfacía eso.

Así, todos juraron no consumirla y solo se alimentaban de la adoración de sus seguidores.

Por casi doscientos años, Teira prospero en todo, la humanidad creció y se multiplico, de todo el planeta, se repartieron territorios y dominios, así se formaron aldeas que luego serian ciudades y más tarde países e inclusive imperios.

No había guerras y los crímenes cometidos eran mínimos, ya que eran los dioses los que gobernaban.

Ciudades en medio de grandes lagos, ciudades sobre los cerros y montañas, ciudades cerca de los mares, ciudades en medio de la selva y ciudades dentro de la tierra. Donde pudieran construir lo hacían, respetaban su habitad ya que si lo destruían llegaría el día en el que Teira se consumiría.

Así prospero Teira, sin guerras ni derramamiento de sangre.

Se diría que era un mundo perfecto, así se diría.

Pero…

Ese día llegó.

En la Tierra, había toda clase de dioses malvados, pero el peor de todos ellos, era el hombre que profesaba ser dios reencarnado.

Por culpa de ese hombre, su codicia y su fanatismo, se formaron ríos de sangre, en toda la historia de la Tierra, ninguna guerra había logrado derramar tanta sangre como la que fue derramada por la mano de esta religión.

El cielo de Teira rugió cuando llego y detrás del hombre que llevaba una indumentaria fina en oro y plata, había un ejército grande de personas que vestían de túnicas blancas ceñidos con un cinto de ornamentos de oro, con alas blancas a sus espaldas y espadas que brillaban en sus manos.

Indiscriminadamente comenzó el ataque, aquel que los dirigía gritaba seguido “muerte a los herejes”, “todo es para el señor” y cosas similares que daban a entender su locura.

Los dioses tomaron acción y contraatacaron.

En Teira, ellos eran más fuertes, así se organizo un ejército para repeler a los invasores.

La guerra duro cien años.

Durante todo ese tiempo, seres malignos también se unieron a la lucha.

¿Qué bando quedaría en pie para reclamar Teira?

De un lado, la iglesia se afirmo, pactó con algunos humanos y se afirmo su dominio.

Otro lado asentó con los demonios, varias personas se vieron tentadas por sus deseos y se entregaron a la vanagloria de la vida.

Solo un puñado seguía las creencias de los dioses que reconstruyeron el mundo.

Así se sostuvo Teira por otros ochenta años, el tiempo suficiente para que los dioses de Teira reorganizaran una ofensiva.

“La experiencia y sabiduría lo es todo”

Los nuevos guerreros aprendieron nuevas artes.

Ya no eran artes de artesanía ni de agricultura o construcción. Esta vez eran artes de guerra.

Despertaron en su nuevo ejército, combinado de humanos y sus seguidores, las artes bélicas que habían sellado.

Para lograr hacerlo, la sangre de diez mil personas y de tres dioses fue derramada.

El único sacrificio.

Así los guerreros, sin importar su edad y genero, se llenaron de poder.

Recuperar su antigua vida era el propósito, y la guerra volvió a abrirse paso, ésta vez, lograrían recuperar su mundo.

Y por el resto de tiempo, conspiraciones y tretas fueron hechas para derrocar a los fieros guerreros de Teira hasta casi el exterminio.

Al final, los tres bandos se consumieron por la lucha que duro veinte años.

Las personas que nacieron después de la guerra, lentamente se olvidaron de ella, la iglesia desapareció, los demonios dejaron de verse y los dioses de Teira jamás volvieron a verse entre los humanos.

Por trescientos años la humanidad prospero a su paso, guerras entre humanos se dieron forma, cada vez Teira se volvía más violenta. Todo para saber quien se enseñorearía de los demás.

Y parece ser que en esta nueva era, se decidirá definitivamente quién se quedara con Teira.



INT 2                                                                                                                                           INT 4

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